Moon

El principal reto en cualquier película de ciencia ficción es hacer creíble una realidad inexistente. Para ello es necesario una buena ambientación, pero nada funciona sin unos actores que hagan creíbles a unos personajes que viven en ese mundo inventado. Aquí es donde Moon se marca su mayor hito, un solo actor lleva todo el peso, se da la réplica, discute con él mismo, se pelea y lo hace de forma totalmente natural y emocionante. Vamos, que Sam Rockwell se carga todo el peso del film en la mochila y avanza a pasos agigantados por la superficie lunar.
Es una película de género minimalista que consigue hacer con su estética retro y su original argumento un film low cost que no parece low cost.


Lo mejor:
Sam Rockwell, Sam Rockwell i otra vez Sam Rockwell.
Lo peor: no explota al máximo su cuenta atrás final.

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Oldboy

Park Chan-wook confirmaba con esta película todo lo bueno que había hecho hasta el momento. Lo hacía con un thriller implacable basado en su tema fetiche: la venganza.
Oldboy es un buen ejemplo de cómo transformar un gran guión en algo mucho más grande a través de la puesta en escena. El film arranca con fuerza, con una escena límite en la azotea de un edificio. Pero lo que podría ser un clímax final, aquí es tan sólo el primer escalón en un ascenso imparable hasta el corazón de una venganza con reminiscencias a Seven. Park Chan-wook hace un trabajo portentoso, violento, trágico y de una gran belleza. Y si sus imágenes son memorables, lo mismo se puede decir de una banda sonora tan hipnótica como hermosa. Imprescindible.


Lo mejor:
su arrollador poderío visual.
Lo peor: hay un remake en camino.

A Roma con amor

Siempre me cuestan estas películas con episodios. Creo que si ya es difícil crear una única historia sólida con unos personajes de entidad, no puede salir nada bueno si todo el trabajo se multiplica por cuatro, cinco, o los capítulos que sean. Normalmente estas películas promedian un par de buenos episodios y otros dos o tres no tan afortunados. Más o menos podríamos aplicar esa media a esta película y, aún así, sus dos mejores historias (la de Woody Allen y la de Roberto Benigni) no dejan de ser buenos gags que se quedan sólo en eso. El surrealismo de estos dos relatos nos deja un par de momentos brillantes pero, en conjunto, la cinta no pesa suficiente, las historias se hacen largas y el desenlace de todas ellas es, como poco, insatisfactorio.


Lo mejor:
el tinte surrealista de las historias de Allen y Benigni.
Lo peor: la evolución y cierre de todas las historias.

Zatoichi

Me lancé a ver Zatoichi sin tener ni idea de lo que iba a ver. Y Kitano me la coló: esto es una comedia. Su trama no es ningún prodigio, pero lo importante aquí no es el qué, sino el cómo: en el tono, los personajes y su forma de ver el mundo de los samuráis está la diferencia. Kitano nos cuenta la “clásica” historia del justiciero solitario, pero desde su singular perspectiva. Es decir, grandes dosis de violencia (a mí no me convenció la sangre), un particular sentido del humor made in japan, y esa extraña belleza que destilan todos sus films. No me pareció la peli definitiva de Kitano, y la veo lejos de otras obras suyas (El verano de Kikujiro sigue siendo mi favorita), pero me parece una interpretación personal, divertida y necesaria del género samurái.


Lo mejor:
su excéntrica comicidad.
Lo peor: los efectos digitales.

The Ring: el Círculo

Si valoráramos las películas únicamente por su influencia en el cine posterior, ésta sería una de las películas más importantes de su género. The Ring fue todo un fenómeno, y sus copias, secuelas y remakes se sucedieron por todo el globo, sin llegar ninguna donde llegó la original. El problema de todas estas cintas era olvidar que en la austeridad y capacidad de sugestión residía la clave de la versión japonesa.
Hideo Nakata acertaba plenamente haciendo protagonista al espectador obligándolo a ver de forma subjetiva las famosas imágenes de la cinta de vídeo, en una hábil maniobra en la que conseguía mezclar ficción y realidad. Y encima se guardaba su mejor carta para el final, con una de las mejores escenas de terror de la historia.


Lo mejor:
la famosa escena final de la chica melenuda.
Lo peor: que ponerla en DVD no tenga tanta gracia como ponerla en VHS.

Mátalos suavemente

Tenemos un film con atracos, matones, timbas de póker ilegales y violencia. Si a eso le sumas a Brad Pitt, Ray Liotta y James Gandolfini ya deberías tener el peliculón asegurado. Pero a Mátalos Suavemente le falla algo. Tiene las piezas perfectas para ser una obra maestra, pero deja la sensación de que hay algo que no termina de encajar. Está a medio camino entre el cine de autor y el buen cine comercial. Ese medio camino que tan bien controlan directores como Tarantino, Scorsese o los hermanos Cohen. Pero en este caso al resultado final le falta personalidad. La apariencia es buena, los actores son geniales, pero su guión no termina de funcionar: tiene demasiados momentos de pausa que cortan el ritmo de la acción. Y eso te desconecta.


Lo mejor:
 un reparto de lujo.
Lo peor: sus diálogos interminables y, a veces, innecesarios.

Desafío total

No creo que esta película sea mala. Pero es un desastre como remake. Entiendo que Len Wiseman haya querido modernizar la receta original de Verhoeven, pero por el camino se ha pasado por el forro demasiadas cosas. Lo que ha hecho Wiseman para que el plato esté sabroso es añadir mucha sal, en lugar de poner los ingredientes indicados. Ingredientes que contenían la esencia de Total Recall. Resultado: un gran entretenimiento, escenas espectaculares (como la de los ascensores), buen ritmo narrativo y unos efectos especiales brutales, pero ni rastro de la magia del film original. En su lugar, una ida de olla descomunal con un ataque de los clones incluido. Vamos, que no hará falta ir a Rekall para recordar de donde veníamos.


Lo mejor:
los efectos especiales y el diseño de La Colonia.
Lo peor: ¿Y Marte?

Dredd

Señores, el cyberpunk ha vuelto. Y es que en los tiempos que corren un subgénero de la ciencia ficción que combina la alta tecnología con los problemas sociales tenía que renacer algún día. Dredd es una película oscura y ultraviolenta, pero tiene un inicio tan luminoso y sucio que convierte sus escenarios en reales, casi palpables. Y ahí es donde realmente la película encuentra su fortaleza, en la perfecta combinación de la historia con su decorado y estética, encerrando todos los acontecimientos en un edificio enorme, aunque claustrofóbico y asfixiante.
Es un film con cierto punto retro que bebe de muchos referentes, desde pelis como Akira o Blade Runner hasta el estilo de acción de los videojuegos actuales.


Lo mejor:
una apuesta estética que potencia su argumento.
Lo peor: que al pobre Karl Urban no se le vea la cara en ningún momento.

Cube

La secuencia inicial de Cube podría figurar perfectamente en un ranking de los arranques más potentes de la historia del cine. Toda una declaración de intenciones en apenas 3 minutos. Revisando esta cinta no pude dejar de pensar en su influencia en el cine y la televisión reciente: programas como Gran Hermano, series como Lost y sagas como Saw beben de algún modo de esta película. Vincenzo Natali consigue mantener al espectador tan perdido como a sus personajes. Eso es gracias, en gran parte, a la decisión de no contarnos qué es el cubo, quién lo maneja o por qué ha escogido a esa gente. Y a este desconcierto le debemos sumar una sensación de claustrofobia que se va apoderando de cada plano hasta conseguir dominarlo todo.


Lo mejor:
la incertidumbre y asfixia que provoca.
Lo peor: que Natali tocara techo tan pronto.

Gattaca

No es fácil ser original a la hora de hacer una película de ciencia ficción y no fallar en el intento. El gran logro de Gattaca es combinar a la perfección varios elementos no propios del género, llevando el film al cine negro más puro y clásico desde su argumento hasta su ambientación, consiguiendo con todo una pieza de ciencia ficción totalmente creíble. Andrew Niccol crea una armonía perfecta con un genial guión, una luz perfecta, unos actores con química y una de las bandas sonoras más emocionantes de la historia. Y ahí está una de las grandes bazas de la peli, que emociona, algo poco común en la ciencia ficción más pura. Gattaca es el ejemplo perfecto de cómo hacer una gran película combinado con elegancia distintos elementos.


Lo mejor:
su combinación de géneros y su apuesta estética.
Lo peor: que su fórmula sea poco repetible.