Up

A veces me intento imaginar la cara de los productores de Pixar cuando Pete Docter y Bob Peterson les dijeron algo así como “queremos hacer una película con un anciano gruñón al que a los cinco minutos se le muere la mujer.” Esta insensatez sólo se le puede ocurrir a un loco o a un genio. Y está claro que Pixar está lleno de lo segundo. Parece mentira que lo que venga tras ese inicio sea una película tan hermosa, humana y esperanzadora. Lo de la casa con los globos surcando los cielos se llama poesía. Es, sin duda, una de las imágenes más inspiradas que nos ha regalado el cine contemporáneo.
Luego llegan los perros en avioneta y un tramo final menos brillante, pero con eso no hay suficiente para empañar una película excepcional.


Lo mejor:
los diez minutos iniciales.
Lo peor: el diseño de los perros malos.

WALL·E

Si tengo que escoger lo mejor que he visto en un cine en los últimos tiempos, sin ninguna duda me quedo con la primera media hora de WALL·E. Cine en el estado más puro, una maravilla visual, narrativa y emocional. Pero sobretodo es una película muy valiente: se atreve a ambientar la acción de un film “infantil” en un mundo apocalíptico y oscuro, pero que queda rápidamente iluminado por un personaje brillante y carismático. Y dentro de un paisaje tan de ciencia ficción va la película y tira hacia el romanticismo, consiguiendo que dos robots nos emocionen en cada segundo. Seguramente la segunda parte del film no sea tan brillante, pero sigue siendo genial por su acción, su espectáculo visual y su mensaje.


Lo mejor:
su confianza total en el poder de las imágenes.
Lo peor: que no alargue la fórmula de la primera media hora hasta el final.

Ratatouille

Amo profundamente esta película. Me parece un absoluto prodigio de principio a fin. ¿Por qué? Porque Ratatouille es lo más parecido a la magia que he visto en una sala de cine. Ratatouille es luz. Son olores. Son sabores. Es una puesta en escena deslumbrante. Un guión impropio de una película de animación. Ratatouille tiene todo lo bueno de Pixar y ninguno de sus “defectos”. Ratatouille es París más bello que nunca. Es el mimo por el detalle. Una obra de arte en cada fotograma. Pero por encima de todo, Ratatouille es un canto a la creatividad y a la imaginación. Una oda a las creaciones artísticas (sean del tipo que sean) y la innovación. Ratatouille es todo esto y mucho más. Es, en una palabra, CINE. Y para un servidor, la mejor película de Pixar.


Lo mejor:
el momento en el que Anton Ego prueba la ratatouille. Insuperable.
Lo peor: nada.

Cars

Me imagino que el mayor reto de cualquier persona dedicada a la animación debe ser conseguir dar vida a los objetos más inanimados del mundo. Éste es el mayor logro de Cars: consigue que los coches tengan alma. Se mueven, se expresan más allá de las palabras y se emocionan ¡John Lasseter está obsesionado con que todo tenga vida!  Primero lo hizo con los juguetes en Toy Story y luego con los bólidos. El único fallo del film es no aguantar el vertiginoso ritmo que marca en su inicio, pecando de un metraje excesivamente largo que casi llega a las dos horas. Pero lo mejor es no estresarse, mirar por la ventana y gozar de todos los paisajes que nos enseña el film. Y disfrutar de su final, de los más emocionantes que ha dado Pixar.


Lo mejor:
su capacidad de emocionar… ¡con unos coches!
Lo peor: en algún momento podría subir de marchas y darle más gas.

Los Increíbles

En los últimos años el cine de superhéroes ha vivido una época dorada. Y en medio de las exitosas adaptaciones de los personajes de Marvel o DC, va Pixar y se casca un de las mejores películas del género, capitaneada por el descomunal talento de Brad Bird. Los Increíbles consigue lo que muchas otras películas de superhéroes sólo pueden intentar a medias: llevar la historia al terreno más familiar, humano y personal de los personajes. Y lo consigue porque la animación no tiene límites, puede llevarlo todo al extremo. La acción desbordante combina a la perfección con los momentos más cómicos y tiernos. Además a nivel estético el film es una maravilla, con su homenaje a los años 60. Los superpoderes de Pixar son infinitos.


Lo mejor:
su confianza total en la acción y la animación.
Lo peor: que aún no tenga precuela, secuela o lo que sea.

Buscando a Nemo

Si hay una manera de complicarse la vida en esto de la animación es hacer una película bajo el agua. Pixar no sólo salió airoso de la empresa, sino que realizó uno de sus mejores trabajos. Con este nuevo largometraje la compañía mostraba todo su potencial y mandaba un mensaje claro a sus competidores: estamos a otro nivel. Y vaya si tenían razón. Humanizaron a unas criaturas tan inexpresivas como los peces de un modo magistral, y demostraron al mundo cómo se tienen que utilizar los recursos técnicos para contar una historia. Buscando a Nemo es una película bellísima, tanto por el viaje de aprendizaje que nos cuenta como por el excepcional paisaje marino que nos muestra.
Un clásico instantáneo. Para variar.


Lo mejor:
con el debido respeto a todo lo demás, su empaque visual.
Lo peor: que aún haya gente que llame a esto cine para niños.

¡Piratas!

En esto de la animación existe una santísima trinidad capaz de convertir cada uno de sus proyectos en una maravilla. Estoy hablando de Pixar, Studio Ghibli y, cerrando el tridente, Aardman, los responsables de ¡Piratas! La mejor arma de estos genios del stop-motion es su confianza total en la animación para contar cualquier cosa. Creen completamente en su arte y su sentido del espectáculo, y cada momento del film es un completo prodigio visual. No era fácil inventarse una historia de piratas distinta, pero gracias a un humor tan absurdo como inteligente, a una acción constante a ritmo de Rock’n’Roll y a unos cameos inesperados consiguen mantenernos todo el metraje con la boca abierta, ya sea de asombro o de risa.


Lo mejor:
su constante espectáculo visual.
Lo peor: que Aardman no estrene más a menudo.

Monstruos, S.A.

Cuando el talento se une con la imaginación, pasan cosas como ésta. Si Pixar se presentaba al mundo con Toy Story, el primer gran salto de calidad técnica lo daba con Monstruos, S.A. Partiendo de una premisa tan sencilla y universal como son los monstruos que se esconden en los armarios de los más pequeños, Pixar creó todo un universo fascinante como sólo ellos saben hacer. Es alucinante la capacidad de sorpresa que tiene esta película, que deja al espectador deslumbrado ante semejante derroche de ingenio. Y a esto le debemos añadir una amplia galería de personajes maravillosos, en la que destacan sus dos protagonistas, una extraña pareja de monstruos que lo arrollan todo con su carisma. Una película imprescindible.


Lo mejor:
el imaginario del film.
Lo peor: me voy a comer estas palabras, pero… que hagan una precuela.

Toy Story

Creo que hacer esta crítica es mi mayor reto desde que empezó Palomitos. Porque después de verla unas 1000 veces cuando era pequeño hasta quemar el último milímetro de la cinta magnética del VHS me cuesta ser objetivo y no dejar hablar al niño que hay en mi ¡Pero que cojones! Eso es lo que ha querido Pixar desde su primera película, hacer que adultos y pequeños disfruten: unos como lo que son y otros como lo que fueron. Toy Story revolucionó el mundo de la animación y nos enseñó que los ordenadores escondían unos pinceles mágicos capaces de pintar los sueños. Pero más allá de la técnica es una maravilla a nivel narrativo, llena de acción, humor y emoción. La carta de presentación de Pixar, toda una declaración de intenciones.


Lo mejor:
su historia, sus personajes, su ritmo, su todo.
Lo peor: pronto cumplirá 20 años, nos hacemos mayores.

Brave

Tarde o temprano tenía que pasar. Lo nuevo de Pixar es una (ligera) decepción. Es lo que tiene estar acostumbrados a obras maestras año sí año también. La propuesta, insuperable como siempre en el apartado técnico, flaquea con la historia. La compañía se muestra más Disney que nunca, apostando por el cuento clásico, por una historia demasiado tradicional. Brave está lejos de los originales guiones de Wall·E o Up, por citar sólo dos ejemplos. Incluso le cuesta emocionar y, cuando lo consigue, lo hace recurriendo al tópico. Vamos a ver: es superior a la mayoría de pelis de animación actuales, pero a Pixar yo le pido más. Mucho más. Y es culpa suya. Si cada año me sirves un filete, el día que me pongas un bistec, por más bueno que esté, me quejaré.


Lo mejor:
el corto que acompaña al film. Una absoluta maravilla por la que vale la pena pagar cada céntimo de la entrada.
Lo peor: la sensación de que esto ya lo hemos visto antes.